Alma de Nogal : Los Chalchaleros

lunes, 27 de junio de 2011

Mariana Iglesias, Clarin : “...Vinieron varios chicos con los dientes manchados, y todos vivían en Villa Azul. Como era algo muy raro fuimos al lugar. Claro, habían cubierto las calles con baterías dadas vueltas. Estaban todos intoxicados con plomo. Así que le pedimos a la municipalidad que por favor asfaltara las calles”.

La medicina avanzó, pero se perdió el trato personalizado

27/06/11 - 01:03


100 años de la Sociedad Argentina de Pediatría. Reconocidos pediatras recuerdan cómo cambió la atención en un siglo: de curanderos a operaciones intrauterinas. Y reclaman volver a acompañar al paciente, algo difícil hoy por las presiones del sistema.

Por Mariana Iglesias

CUIDAR A LOS MÁS CHICOS. EL CONTROL CON EL PEDIATRA ES FUNDAMENTAL.
Brindis por los seres anónimos

Vida cotidiana,pediatras,pediatríaEnfermedades de Niños se llamó la primera cátedra de pediatría universitaria, creada en 1883. Poco después, en 1911, se fundó la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), muchos años antes que sus pares europeas. De todas maneras, y más allá de lo avanzado del país en la materia, era una época en la que no existían vacunas ni antibióticos. Cien años han pasado. Un abismo para el ejercicio de la profesión que comenzó entre comadronas y niños expósitos. Sin embargo hoy, que pueden realizarse complejas intervenciones intrauterinas, elegir el sexo del bebé o vacunarse contra enfermedades que antes mataban de a miles, los mismos profesionales dicen que no todo anda bien, y que la gran falla actual tiene que ver con la atención. No se trata de echar culpas a los pediatras sino al sistema, a la presión de la obras sociales, a la demanda inagotable de los servicios públicos.

“Nosotros atendemos pacientes que tienen 90 años por delante, debemos atenderlos bien. Lo esencial es invisible a los ojos. Por eso, se debe ser lo más amplio posible dentro de una atmósfera de humanismo. Eso implica un ambiente adecuado y un tiempo lógico. Con los chicos hay que ver lo global, la historia clínica desde el nacimiento, si hasta influye que haya sido un embarazo deseado”, dice Margarita Ramonet, actual presidenta de la SAP.

Teodoro Puga, 85 años, ex presidente de la SAP, contrapone una anécdota de 50 años atrás, cuando ejercía en el hospital de Wilde: “Vinieron varios chicos con los dientes manchados, y todos vivían en Villa Azul. Como era algo muy raro fuimos al lugar. Claro, habían cubierto las calles con baterías dadas vueltas. Estaban todos intoxicados con plomo. Así que le pedimos a la municipalidad que por favor asfaltara las calles”.

Pero ese es el final. Para recorrer la historia de todo este siglo se han reunido cuatro glorias de la pediatría local: Puga, Gustavo Berri (85, también ex presidente de la SAP), Angel Plaza (80) y Donato Depalma (83), además, historiador. Entre todos están armando un libro que cuenta la historia de la SAP. Es difícil seguirlos en la charla. Se apasionan con anécdotas, recuerdan viejos colegas, van y vienen en el tiempo.

Puga, por ejemplo –que fue secretario de Salud de la Ciudad, además de pasar por la Casa Cuna, el Pirovano y abrir el Garrahan–, recuerda que a los chicos deshidratados les decían toxicosos, y a los desnutridos graves, distróficos, aunque también los llamaban “pata de cabra”, porque tenían el sacro pegado. “Teníamos que convencer a los padres para que los dejen internados. Al principio costaba pero al mes se los llevaban contentos porque estaban gorditos”. Y cuenta algo maravilloso. Estando en el hospital de Wilde notaba que la gente no llevaba a sus hijos allí, y se dio cuenta de que era porque preferían que fueran atendidos por curanderos (“tenían más peso que nosotros”). Así que se le ocurrió hacer una reunión entre todos: médicos, vecinos y curanderos, para entrar en confianza, compartir conocimientos y repartir roles. Funcionó.

Plaza recuerda que la primera vez que entró “al Niños” (así llaman todos al hospital Gutiérrez) fue cuando tenía 4 años y un cuadro de difteria. En 1953 fue practicante y en el 2005, jefe del Departamento de Medicina. “¿Tuviste difteria?”. Sus colegas se sorprenden, y es que la enfermedad, más que frecuente por aquellos años, hizo estragos. Había que entubar, y hacer la traqueotomía rápido. Como con la poliomielitis. Todos recuerdan el uso del pulmotor, que había algunos a palanca, y que si no había o no andaban, los chicos se morían, así nomás.

Depalma recuerda la situación de los chicos no deseados. Y cuenta la historia de la ex Casa Cuna, el actual hospital Elizalde. Saca el tema porque supo ser amigo de un famoso “niño expósito”: Benito Quinquela Martín. “Yo soy un hijo de contrabando”, le dijo el pintor alguna vez con pesar.

Berri, creador de la famosa frase “Por un niño sano en un mundo mejor”, y presidente del Congreso Internacional de Pediatría de 1974 (“Vinieron 7.000 pediatras de todo el mundo, hasta los médicos descalzos chinos”), detalla las historias del “Niños” y el Garrahan, y le rinde homenaje al gran maestro Carlos Gianantonio. Recuerda que al crearse la SAP los chicos morían de tos convulsa, sarampión, rubeola, desnutrición y diarrea. Interviene Plaza: “Eran épocas en las que muchas veces lo único que se podía hacer era sentarse a mirar al chico, contener a la familia y prometerles volver. Así se hacía la ronda de pacientes. No había medicamentos. Sólo se podía esperar la evolución natural de la enfermedad. Por eso lo importante era acompañar”. Algo de eso es lo que falta hoy.

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